John Hutchison es un físico aficionado. Un señor inventor. Eso es, un señor inventor, con toda la excentricidad de que pueda salpicarse esta condición ostentada a lo largo de la historia por sabios, genios, visionarios, locos y, por supuesto, sinvergüenzas.

Ni siquiera el propio John Hutchison sabe qué sorpresas depara su apartamento
Aquí lo tenemos fardando de equipo
De alguna manera, cualquier objeto presente en las regiones del espacio alcanzado por su cóctel electromagnético levita, cualquiera que sea su estructura y composición. Papel de plata, hielo, botellas de plástico, metal misteriosamente fundido, cd's, escobas, pinzas para el pelo, alicates, platos, tapaderas de tupper-ware...
El de arriba es un vídeo confeccionado por él a cámara fija. No sabemos el motivo por el cual no nos quiere mostrar qué hay por encima del borde superior del campo visual que abarca. Es celoso de su hallazgo y no le gustaría que le copiáramos el invento, aunque cuando ante las cámaras de televisión acepte realizar demostraciones en directo mostrando buena voluntad: Hutchison se pone manos a la obra, conecta algunos cables, enciende lucecitas por doquier y gira algunos selectores guiado por la intuición... entonces las cosas fallan...

Txé, quina mala foia. Antes iba, ¿eh?
No os preocupéis. A Hutchison podéis echarle en cara sus greñas, pero no falta de vídeos. El más espectacular sin duda alguna es éste en el que hace levitar un mini platillo volante, amigos de lo misterioso. La siguiente imagen es una captura del mismo. Sobre qué pinta el hilo en la parte superior izquierda, la comunidad científica no se ha pronunciado todavía.

Ay, Hutchison, Hutchison...
Y es que Hutchison es un apasionado de los Expedientes X y asegura haber dado con el principio de levitación de nuestros vecinos galácticos. Alternaba la lectura de clásicos del electromagnetismo como el Jackson con el visionado indiscriminado de las aventuras de Mulder y Scully. Esta actividad desarrolló en él una capacidad de retención tal que no necesita anotar ningún detalle sobre sus experiencias de modo que, como dice, no conserva información alguna que ayude a reproducir sus experiencias, una de las premisas de cualquier experimento científico.
A no pocos grandes de la historia de la ciencia el mundo ha tratado como a locos. Pero Hutchison, a diferencia de ellos, desconoce algo que tarda mucho en ganarse y se puede perder en lo que dura un vídeo de un ovni de juguete, esto es, la fiabilidad y la respetabilidad.
A pesar de lo dicho, quiero ser como Hutchison.
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*P.D.: La redacción de este artículo fue motivada por un documental emitido en la Sexta y al parecer producido por la National sobre el Triángulo de las Bermudas en el que aparecía este peculiar personaje. La web alberga abundante información sobre el efecto Hutchison, que parece ser tomado en serio. El tono, así como el contenido del presente artículo, sólo corresponden a la opinión personal de su autor. Disculpad la baja frecuencia con que publicamos. J. Salvador